Infinitas semillas de amor

 

 

 

 

 

 

Tomado de http://www.periodico26.cu


Escrito por Por: Graciela Guerrero Garay

Las Tunas.- Nadie olvida el rostro y las primeras manos que lo llevaron al pupitre, le mostraron el mundo de los números y las letras o sustituyeron las caricias de mamá o papá, en esos días donde ir a la escuela es “ser grande” y el despertador de sueños se esconde en la mochila y las hojas de los libros y las libretas.

Ellos tampoco olvidan. Cada alumno es una semilla en sus huertos, tal como si sembraran estrellas. Maestro, profesor… palabras enormes que cada vez exigen más, como el tiempo. Amores y evangelios vivos para los cuales un diciembre no alcanza, si vamos a juntillas a rendirle honores, compensar desvelos y mitigar la fatiga de ese andar cotidiano por el reino del saber.

Quizás decidimos apretar en un beso y encerrar entre las cintas de un regalo el agradecimiento, con memoria infinita, a ese paciente arte con que moldean, educan, ayudan, levantan, empujan, sostienen y dibujan los caminos futuros, sin medir los sudores o las veces que se ahoga la voz en la garganta.

Enseñar… un diamante en sí mismo. Educadores… seres imprescindibles al margen de un curso académico, la hora del reloj o los años de un almanaque. ¡Qué decir, entonces, el 22 de Diciembre!, la jornada del homenaje mayor, del aplauso que arrancan del alma y dejan ahí, como perlas, para cada minuto por venir.

No sé exactamente ahora conjugar los verbos o buscar adjetivos. Tal vez sea mejor acercarnos al portón de cada escuela, instituto, secundaria básica, preuniversitario o universidad y observarlos venir, unas veces de prisa, otras con pasos lentos, dispuestos siempre… porque justo en ese instante, comienza su lucha por la vida, por nosotros. No importa cuán jóvenes o adultos sean.

A él o a ella, a esos amigos de palabras sabias, con tizas, libretas, cuadernos y libros, con gestos de ternura o regaño, les debemos todo y aquí sí cuenta el tiempo… presente, pasado y futuro. Juntemos sus semillas de amor y andemos con ellos… no hay nada más esencial en este mundo que tener un maestro, un profesor… Gracias y, ¡feliz día!

 

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